Desde hace 9 años que Xavier Velasco ganó el Premio Alfaguara (2003) con su libro "Diablo Guardián", he venido leyendo las novelas merecedoras a dicho premio, pero ha sido la edición 2012 la que me ha merecido un comentario en este blog. No precisamente
es de mis favoritos pero debo aceptar que es el primero que he tenido que
leer dos veces. Al grado de identificar la necesidad de hacer una “fe de
erratas” en la página 85:
“Pobre mi padre, decÃa una parte
mÔ.
Faltó agregar la preposición “de”.
La verdadera razón de leer dos
veces la novela se debe a la orientación sexual del personaje. Y es que durante
el primer ciento de páginas, el escritor deja claro el nombre y género del personaje principal, sin
embargo, todo actuar del mismo, tan delicado, sutil y meticuloso; me hizo creer
que podrÃa ser una “dama”. Aunado a lo anterior y observando la imagen del niño
de la portada, no sólo esta claro lo sombrÃo y aterrador que puede ser vivir en el lugar donde se lleva a cabo la historia; también la personalidad del infante,
muy fina quizá, por no ser grotesco con las preferencias y mucho menos tratándose
de un niño. Comenzó entonces un juego literario en el que, dudoso de mi mismo,
empecé a creer que el autor estaba siendo un personaje de su propia novela.
Empecé a no saber si la novela era autobiográfica o no.
Casi para terminar la historia,
el autor dejó claro el homosexualismo del personaje principal, fue entonces
cuando caà en cuenta que algo, desde el principio, no me estaba dejando
disfrutar la novela. Aclarado el punto, cosa que se agradece al autor –
Leopoldo Brizuela – comencé de nuevo.
Ahora yo estaba jugando a jugar,
es decir, jugaba a cambiarle el nombre y género al personaje principal. Es un derecho que todo lector tenemos, claro está!
De lo que estoy seguro es que se trata de un efecto que
sólo a mi me sucedió, según creo.