La noche de la Reina Roja

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El pasado 18 de Noviembre de 2012 Fanny López Jiménez, Nuria Gómez Benet, Gabriel Martínez Meave (Ilustrador), Laura Emilia Pacheco y la autora Adriana Malvido presentaron como parte de las actividades de la 32ª Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) el libro “La noche de la Reina Roja” editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Después de haberme distanciado de esta feria por algunos años y sabiendo que en la Aula Magna siempre suceden los mejores eventos de la feria, decidí ser parte de esta presentación, sabiendo sólo el título del evento. Debo confesar que las palabras de la Mtra. Laura Emilia Pacheco me convencieron de adquirir un ejemplar y comenzar a leerlo: “Este libro les encantará porque narra todo lo que hicieron mis compañeras aquí presentes en su viaje por descubrir, nada más y nada menos que una gran reina maya a la que la arqueóloga Fanny, desde que le descubrió, llamó Reina Roja por las condiciones en la que la encontró”.

Me tocó ser parte de esas generaciones a las que los profesores en la escuela primaria nos enseñaban que el color rojo lo usábamos los alumnos para marcar la primera letra (en mayúsculas) de los enunciados y dictados; mientras que los profesores lo usaban para corregir o acentuar una calificación. En el libro de “La noche de la Reina Roja”, se usan textos en color rojo para hacer notar cuando es la Reina quien está hablando.

Me sepultaron hace más de 1300 años. Cuento esta historia desde las entrañas de la tierra. Desde aquí, adentro de mi sarcófago, he sentido los pasos de miles de viajes, espíritus tocados por la locura y por la curiosidad; de seres humanos dispuestos a entablar un diálogo con el pasado; de jóvenes y viejos, ávidos turistas y sabios y chamanes; de historiadores, científicos, soñadores que quieren ver más allá de los muros de piedra para imaginar cómo éramos los mayas y cómo era  nuestra vida.
Se preguntan cómo sentíamos el mundo, cómo lo percibíamos en ese universo de estrellas que supimos mirar de cerca desde épocas muy tempranas. Porque cuando un hombre se pregunta lo importante, cuando no entiende, cuando aspira al conocimiento, mira al cielo. Nosotros lo hicimos y supimos leer en los astros nuestro destino sagrado.


Adriana Malvido narra el momento en el que la arqueóloga Fanny López y un grupo especializado, encontraron el sarcófago que ocupa casi la totalidad de una cripta, después de 1300 años de haber sido sepultada en las entrañas de una pirámide en la selva de Palenque, los restos de una gran mujer maya a la que cubrieron de cinabrio (un mineral tóxico de color rojo) fueron descubiertos una noche de verano de 1994. Adriana Malvido, presente aquella noche, le da voz a la Reina que narra su vida y la de su pueblo, y nos lleva a la fascinante aventura en búsqueda de su identidad.

Yo soy de esos lectores que el tema prehispánico fácilmente me predispone. Se debe en gran medida a que no fui un buen alumno de materias como historia. Sin embargo, este libro atrapó mi atención por la forma en la que se narran a detalle las situaciones, parece una videocámara la que va escribiendo. Tan sólo de leer las primeras 20 páginas, una taquicardia me hacía notar una angustia de emoción por saber lo que estaban por vivir Fanny y sus compañeros. Al igual que ella, hubo varias noches en las que los sueños se anticipaban en lo que estaba por venir, como adelantándome a las siguientes páginas. En el momento menos esperado, y con ayuda de la literatura juvenil, el tema histórico y prehispánico ya era mi mejor aliado.


Han pasado ya 18 años de mi descubrimiento. Y se sabe mucho de mí, pero no mi nombre, que permanece secreto…
Descubrir una tumba es abrir una puerta hacia un camino sin fin. Puede llevar a la locura. Esa madrugada de verano de los años noventa, mientras llovía, quienes abrieron mi sarcófago quedaron transformados para siempre. Y ésa es la historia que aquí será contada.




Las ilustraciones a cargo de Gabriel Martínez Meave le agregan a la narración un momento en el que los lectores terminamos de ser atrapados y ubicados en el ecosistema/contexto de la lectura, casi al grado de sentirse parte o un ayudante de Fanny y Arnoldo.

A la mitad de la lectura, algo no era suficiente, mi ambición por saber más me llevó a buscar en la Internet información sobre el tema encontrando documentales e imágenes más reales. En los videos que encontré, logré revivir esa experiencia que el libro ya me había regalado. Todo me hacía sentido, Arnoldo expresando el momento en el que logró ver a través del psicoducto, Fanny aplaudiendo al desplazar la lápida y hasta la reconstrucción de las teselas que formaban la máscara de malaquita que usó la Reina Roja.

Lo que más me entristeció fue llegar a las páginas finales y no encontrar mi nombre en señal de agradecimiento, algo así como:

Por su lectura,
Un agradecimiento especial para:

Chema, pues le di noches de insomnio y una vida que a partir de ahora no será la misma, de menos hasta que no visite a la Reina Roja en Palenque y se puedan saludar de frente.

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