Seda de Alessandro Baricco

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El tamaño sí importa, dicen aquellos que se sienten expertos en la percepción de la vida. Si es grande es disfrutable, si es enorme es gozable, pero poco comentan cuando es pequeño. Se limitan a describir las dimensiones aminorando su peso: “es ligero”. Me refiero a una novela de no más de 120 páginas, titulada “Seda”, editada por Anagrama.

Ha sido el libro más representativo del autor italiano Alesandro Baricco, tanto en Italia como internacionalmente se ha convertido en un longseller ininterrumpido. Podría decir que es una novela romántica con muchos momentos de silencio, incluso podría llegar a creer que es una narrativa un tanto masculina y, si soy más severo, diría que una novela con toques de machismo.

Si afirmo que hay muchos momentos de silencio, se debe al efecto que provoca su lectura. Conforme pasan los capítulos, uno va prestando atención en el sonido que se provoca conforme cambiamos de página. En ese sonido rasposo al tallar dos hojas de papel.

Hay tantos momentos de reflexión que interiorizan mucho los recuerdos. La novela presta atención en la manera en la que Hervé Joncour se enamora y desenamora. Hervé es el personaje principal de treinta y dos años que radica en alguna región de Francia meridional, su profesión es la compra y venta de gusanos de seda. En la novela participan tres damas como personajes clave, pero sólo una de ellas, la menos importante quizá, es la única que tiene voz. Las otras dos son su esposa y su amante. Justifico el silencio de estas dos musas con un fragmento del poeta chiapaneco Jaime Sabines:
“Porque las mejores palabras de amor
Están entre dos gentes que no se dicen nada.”

La novela describe de manera meticulosa cada movimiento de Hervé Joncour al viajar, ya sea a caballo, caminando, en tren o en barco. Estas repeticiones generan en el lector melancolía y añoranza. Logran justificar el sentir de alguien que viaja a la escuela todos los días y recorre el mismo camino de la misma manera…. 
      … hasta que algo extraordinario o diferente sucede. 

Es así que logramos escuchar historias aparentemente comunes como “yo venía a esta escuela y caminaba por esta avenida, justo en la esquina vivencié mi primer beso”. El siguiente sentimiento es de total añoranza con una sonrisa de por medio.

Si afirmo que es un libro masculino y con toques de machismo, se debe a que el único que viajaba y tenía una vida dinámica es Hervé Joncour, las tres damas abnegadas que permanecen en casa a la espera de un varón. Esta visión también lleva al lector a percibir la intensidad del amor que nace entre los personajes. Hervé Joncour conoce a una dama que le muestra otra manera de amarse, tanto sexual como pasional, resultado del deseo a primera vista, algo más que química. No obstante de que Hervé Joncour logra un objetivo con una mujer distinta a su esposa y pareja de su principal proveedor de gusanos de seda, jamás se logran ver a los ojos mientras el amor se apodera de ellos.

En tanto Hervé Joncour lleva una doble vida amorosa, su esposa Hélène identifica perfectamente las reacciones químicas por las que está pasando su esposo. La gran sorpresa es que, sin preguntar nada, su intuición es tal que logra conocer cada uno de los detalles que su marido busca en su amor platónico.  Hélène logra generar un pensamiento no igual al que el marido cree encontrar en su nueva idea de amor, sino mucho mejor de lo que el propio Hervé Joncour está esperando que llegue a suceder en sí mismo.  Hélène hace uso del género epistolar para demostrarle a su esposo todo cuanto es capaz de entregarse por él. Tuvo que morir Hélène para que Hervé Joncour rastreara la autoría de la carta que le llegó de un lugar que no provenía de Francia.

Cada reacción de Hélène es de magnánimo respeto no sólo por ponerse en los zapatos de quien ama, y desde su vida pasiva y hogareña; también por hacer honor a aquella letra del músico y poeta José Alfredo Jiménez:
"Entonces yo daré la media vuelta…
Para que me compares hoy como siempre"

Concluyo mi comentario precisando que “Seda” es una novela que ayuda a justificar por qué las personas sensibles son felices con gestos y sensaciones sencillas. De la misma manera en que se disfruta esa sensación en la mano al momento de meterla dentro de un recipiente llena de semillas de lentejas; también hay quien agradece a la vida disfrutar del rozar el cuerpo con las sábanas frías al momento de ir a la cama, o quienes simplemente gozan de caminar con la persona que más aman, tomados de la mano y entrelazando los dedos. Después de leer “Seda” desearán pasarse por los ojos un poco de esta fina tela, cerrar los ojos y dejar que los recuerdos activen la transmisión de impulsos nerviosos entre las neuronas del cerebro, hasta hacer sinapsis, segregar noradrenalina y acetilcolina. Ya después que el cuerpo gestione las endorfinas.


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